miércoles, 20 de mayo de 2015

energia nuclear

País              reactores de operación     




EEUU            100
Alemania         9

Rusia               33

Japón             48


Francia      58  
 

Corea del Sur  27

España 7



 1. Las centrales nucleares garantizan el suministro eléctrico
La energía nuclear es la fuente de energía que más horas funciona al año. Está disponible las 24 horas los 365 días al año y, de esta forma, asegura el abastecimiento eléctrico. Los siete reactores nucleares españoles en funcionamiento produjeron, en 2013, el 19,8% de la electricidad de forma segura, fiable, constante y limpia.
2. Reducen la dependencia exterior
España es un país que importa casi el 80% de las materias primas energéticas que consume, fundamentalmente petróleo y gas, una cifra muy por encima de la media europea. Aunque España importa el 100% del uranio, todo el abastecimiento de combustible nuclear en España se considera de carácter nacional. Ello se debe a que la seguridad de tener el combustible a disposición cuando se necesita, es comparable a la del combustible nacional, evitando la vulnerabilidad que se puede encontrar en otras materias primas.
3. No emiten CO2
La energía nuclear no emite gases ni partículas contaminantes a la atmósfera, por lo tanto, resulta clave para frenar el cambio climático. La energía nuclear es la única fuente disponible en la actualidad capaz de suministrar grandes cantidades de electricidad sin contaminar la atmósfera. Es parte de la solución al cambio climático.
4. Son seguras


Las centrales nucleares se diseñan de manera robusta y segura y se encuentran entre las instalaciones industriales mejor protegidas. Un organismo regulador independiente, el Consejo de Seguridad Nuclear que reporta al Congreso de los Diputados y al Senado, vela por su seguridad. Los reactores españoles se encuentran entre los mejores del mundo, según los indicadores de funcionamiento internacionales

Fin de la era nuclear

La energía nuclear no es una alternativa de producción energética frente al cambio climático. Crea residuos nucleares peligrosos para la salud y el medio ambiente que tardan cientos de años en degradarse, y los accidentes nucleares arruinan regiones vastísimas.

Fin de la era nuclear

La energía nuclear no es una alternativa de producción energética frente al cambio climático. Crea residuos nucleares peligrosos para la salud y el medio ambiente que tardan cientos de años en degradarse, y los accidentes nucleares arruinan regiones vastísimas.

acción de Greenpeace para pedir el desmantelamiento de Garoña

Las acciones que hemos realizado desde Greenpeace en varias centrales nucleares nunca las han puesto en peligro, pero sí han demostrado que no están bien protegidas. Además, sabemos que una flota nuclear envejecida como la de España presenta riesgos añadidos que son innecesarios y para los que tenemos alternativas viables en nuestras manos. Por eso creemos que es una obligación ética cerrar las nucleares para eliminar estos peligros.
La energía nuclear está muy lejos de ser una alternativa limpia y sostenible: aunque produce menos CO2 que el petróleo o el carbón, los residuos nucleares son altamente contaminantes y dejan su huella durante cientos de años antes de degradarse. Y en caso de accidente, como el de Fukushima  o el de Chernobil, destrozan por completo la salud, la habitabilidad y el ecosistema de áreas que sobrepasan con creces las localidades donde suceden. Accidentes así pueden volver a producirse y el coste social, ambiental y económico lo sufragan los ciudadanos y no la industria nuclear.

Por otra parte, la energía nuclear aporta únicamente el 4,5% de la energía primaria comercial mundial, el parque nuclear está envejecido y las nuevas construcciones sufren aumentos de los presupuestos previstos y retrasos en los prolongados plazos de construcción. Ni siquiera es una energía barata: la instalación y desmantelamiento de las centrales son muy caros, al igual que la obtención de una materia prima escasa (uranio o plutonio) y la gestión de los residuos.
España es un país indicador de la situación mundial de la energía nuclear. Una foto general de la situación muestra que de los 192 países de la ONU, solo 30 tienen reactores nucleares y 16 de ellos (sin contar a Rusia) son europeos. Es decir, en el 15% de países del mundo se encuentra toda la potencia nuclear instalada y casi la mitad está en Europa. Por otra parte, según la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), la edad media de cierre de las nucleares en Europa es de 25 años, la edad media del parque nuclear español es de 30 años y en la actualidad España ocupa el tercer puesto respecto a la antigüedad de las nucleares europeas. La tercera central más vieja de Europa y la quinta más antigua del mundo, se encuentra en España y es Garoña (Burgos).

Seguridad

La seguridad nuclear es un ideal inalcanzable. Todos los reactores nucleares  tienen fallos de seguridad inherentes, que no pueden ser totalmente eliminados mediante programas de mejora.

Accidentes

Chernóbil en Ucrania , Fukushima en Japón, Three Mile Island en Estados Unidos, Vandellós en España. La corta historia de la energía nuclear está llena de accidentes nucleares.


La evidencia histórica demuestra que ha ocurrido un accidente nuclear grave aproximadamente una vez cada diez años.

El desastre nuclear de Fukushima (marzo de 2011) ha demostrado que la teoría de la industria nuclear sobre su seguridad es falsa. Debido a las emisiones de material radiactivo, grandes áreas de terreno han quedado inhabitables y 150.000 personas han tenido que abandonar sus casas. Ha supuesto la mayor emisión de material radiactivo al mar de la historia. El coste económico del accidente nuclear se estima en casi 500.000 millones de euros del que, en su mayoría, se ocupará el Gobierno japonés.


El accidente de Chernóbil (abril de 1986) ocasionó una fuga de radiactividad a gran escala. Contaminó enormes extensiones de terreno en toda Ucrania, Bielorrusia y Rusia. También afectó a amplias áreas de Europa y Asia. En 2011 un estudio llevado a cabo por Greenpeace mostró que los alimentos básicos cultivados en algunas zonas de Ucrania siguen contaminados 25 años después del accidente. La Academia de Ciencias rusa estima que solo en Bielorrusia, Rusia y Ucrania el accidente ha causado 200.000 muertes entre 1990 y 2004. Aún hoy miles de personas padecen enfermedades relacionadas con la radiación y los niños que viven en zonas contaminadas están afectados por graves problemas de salud.


      

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