EEUU 100
Alemania 9
Rusia 33
Japón 48
Francia 58
Corea del Sur 27
España 7
1. Las centrales nucleares garantizan el suministro eléctrico
La energía nuclear es la fuente de energía que más horas funciona al año. Está disponible las 24 horas los 365 días al año y, de esta forma, asegura el abastecimiento eléctrico. Los siete reactores nucleares españoles en funcionamiento produjeron, en 2013, el 19,8% de la electricidad de forma segura, fiable, constante y limpia.
2. Reducen la dependencia exterior
España es un país que importa casi el 80% de las materias primas energéticas que consume, fundamentalmente petróleo y gas, una cifra muy por encima de la media europea. Aunque España importa el 100% del uranio, todo el abastecimiento de combustible nuclear en España se considera de carácter nacional. Ello se debe a que la seguridad de tener el combustible a disposición cuando se necesita, es comparable a la del combustible nacional, evitando la vulnerabilidad que se puede encontrar en otras materias primas.
3. No emiten CO2
La energía nuclear no emite gases ni partículas contaminantes a la atmósfera, por lo tanto, resulta clave para frenar el cambio climático. La energía nuclear es la única fuente disponible en la actualidad capaz de suministrar grandes cantidades de electricidad sin contaminar la atmósfera. Es parte de la solución al cambio climático.
4. Son seguras
Las centrales nucleares se diseñan de manera robusta y segura y se encuentran entre las instalaciones industriales mejor protegidas. Un organismo regulador independiente, el Consejo de Seguridad Nuclear que reporta al Congreso de los Diputados y al Senado, vela por su seguridad. Los reactores españoles se encuentran entre los mejores del mundo, según los indicadores de funcionamiento internacionales
Fin de la era nuclear
La energía nuclear no
es una alternativa de producción energética frente al cambio climático. Crea
residuos nucleares peligrosos para la salud y el medio ambiente que tardan
cientos de años en degradarse, y los accidentes nucleares arruinan regiones
vastísimas.
Fin de la era nuclear
La energía nuclear no es una alternativa de producción energética frente al cambio climático. Crea residuos nucleares peligrosos para la salud y el medio ambiente que tardan cientos de años en degradarse, y los accidentes nucleares arruinan regiones vastísimas.

Las acciones que hemos realizado desde
Greenpeace en varias centrales nucleares nunca
las han puesto en peligro, pero sí han demostrado que no están bien protegidas.
Además, sabemos que una flota nuclear envejecida como la de España presenta
riesgos añadidos que son innecesarios y para los que tenemos alternativas
viables en nuestras manos. Por eso creemos que es una obligación ética cerrar
las nucleares para eliminar estos peligros.
La energía nuclear está muy lejos de ser
una alternativa limpia y sostenible: aunque produce menos CO2 que el petróleo o
el carbón, los residuos nucleares son altamente contaminantes y dejan su huella
durante cientos de años antes de degradarse. Y en caso de accidente, como el de
Fukushima o el de
Chernobil, destrozan por completo la salud, la
habitabilidad y el ecosistema de áreas que sobrepasan con creces las localidades
donde suceden. Accidentes así pueden volver a producirse y el coste social,
ambiental y económico lo sufragan los ciudadanos y no la industria
nuclear.
Por otra parte, la
energía nuclear aporta únicamente el 4,5% de la energía primaria comercial
mundial, el parque nuclear está envejecido y las nuevas construcciones
sufren aumentos de los presupuestos previstos y retrasos en los prolongados
plazos de construcción. Ni siquiera es una energía barata: la instalación y
desmantelamiento de las centrales son muy caros, al igual que la obtención de
una materia prima escasa (uranio o plutonio) y la gestión de los residuos.
España es un país indicador de la situación
mundial de la energía nuclear. Una foto general de la situación muestra
que de los 192 países de la ONU, solo 30 tienen reactores nucleares y 16 de
ellos (sin contar a Rusia) son europeos. Es decir, en el 15% de países del mundo se encuentra
toda la potencia nuclear instalada y casi la mitad está en Europa. Por
otra parte, según la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), la edad
media de cierre de las nucleares en Europa es de 25 años, la edad media del
parque nuclear español es de 30 años y en la actualidad España ocupa el tercer puesto respecto a la
antigüedad de las nucleares europeas. La tercera central más vieja de
Europa y la quinta más antigua del mundo, se encuentra en España
y es Garoña (Burgos).

Las acciones que hemos realizado desde Greenpeace en varias centrales nucleares nunca las han puesto en peligro, pero sí han demostrado que no están bien protegidas. Además, sabemos que una flota nuclear envejecida como la de España presenta riesgos añadidos que son innecesarios y para los que tenemos alternativas viables en nuestras manos. Por eso creemos que es una obligación ética cerrar las nucleares para eliminar estos peligros.
Por otra parte, la energía nuclear aporta únicamente el 4,5% de la energía primaria comercial mundial, el parque nuclear está envejecido y las nuevas construcciones sufren aumentos de los presupuestos previstos y retrasos en los prolongados plazos de construcción. Ni siquiera es una energía barata: la instalación y desmantelamiento de las centrales son muy caros, al igual que la obtención de una materia prima escasa (uranio o plutonio) y la gestión de los residuos.
Seguridad
La seguridad nuclear es un ideal inalcanzable. Todos los reactores nucleares tienen fallos de seguridad inherentes, que no pueden ser totalmente eliminados mediante programas de mejora.
Accidentes
Chernóbil en Ucrania , Fukushima en Japón, Three Mile Island en Estados Unidos, Vandellós en España. La corta historia de la energía nuclear está llena de accidentes nucleares.
La evidencia histórica demuestra que ha
ocurrido un accidente nuclear grave aproximadamente una vez cada diez
años.
El desastre nuclear de
Fukushima (marzo de 2011) ha demostrado que la teoría de la industria
nuclear sobre su seguridad es falsa. Debido a las emisiones de material
radiactivo, grandes áreas de terreno han quedado inhabitables y 150.000 personas
han tenido que abandonar sus casas. Ha supuesto la mayor emisión de material
radiactivo al mar de la historia. El coste económico del accidente nuclear se
estima en casi 500.000 millones de euros del que, en su mayoría, se ocupará
el Gobierno japonés.
El desastre nuclear de Fukushima (marzo de 2011) ha demostrado que la teoría de la industria nuclear sobre su seguridad es falsa. Debido a las emisiones de material radiactivo, grandes áreas de terreno han quedado inhabitables y 150.000 personas han tenido que abandonar sus casas. Ha supuesto la mayor emisión de material radiactivo al mar de la historia. El coste económico del accidente nuclear se estima en casi 500.000 millones de euros del que, en su mayoría, se ocupará el Gobierno japonés.

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